miércoles, 11 de marzo de 2015

Brisa matinal

Llena de ansias de libertad, un mundo nuevo me espera, sólo un paso más allá de mi ventana.


Este relato es especial, no está inspirado en nada en particular. Fue escrito como una presentación para otro proyecto. Lo pulí y arreglé un poco, pero siempre se puede mejorar. No está inspirada en ninguna canción, pero me gustaría acompañarla de "Song of de caged bird" de Lindsey Stirling, porque es una hermosa metáfora sobre encontrar la luz aún cuando estás atrapada, sólo debes hacer lo que te hace feliz. Reemplacen el violín por un teclado o papel y lápiz y tendrán la versión ideal para mí. 
Escribiendo, haré brillar esas lámparas.

Brisa matinal

Poso mi mano en la perilla de bronce y con un suave tirón abro la ventana. Las bisagras rechinan gratamente. Las hojas de vidrio enmarcadas en madera se separan para dejar su lugar a las cortinas de seda. En forma perezosa, la tela comienza a flotar con la tibia brisa, acariciando mi rostro. 
El fresco aroma del rocío de la mañana inunda mis pulmones. Un céfiro transporta fragancias florales. De fondo, tras el bullicio matinal de la ciudad, puedo oír el mar. 
Dirijo mi mirada a lo alto, donde el cielo en su azul resplandeciente me cautiva. No veo el horizonte, los altos edificios que me rodean no me dejan ver más allá. Siento ganas de salir, pasear, olvidarme del mundo y sus problemas, sumergirme en el océano de mis pensamientos, planear alguna aventura, disfrutar un momento a solas y tal vez, conocer a alguien especial.
Con los pies descalzos subo al alféizar de la ventana, aferrándome al marco. Mi cabello se alborota con la corriente de aire que asciende desde la calle por los diez pisos de altura. Quiero salir, quiero escapar. Dejar atrás estas cuatro paredes y entregarme a la libertad.
Miro hacia abajo y aunque no tengo vértigo, mi corazón late desenfrenadamente en mi pecho. La sangre fluye con fuerza en mis venas, siento el torrente correr en mis oídos, el latir acompasado de las venas en mi cuello. Siento calor, un fuego que nace desde el centro de mi cuerpo y estalla por mis poros. 
Pronto llegará el verano, ¿puedes olerlo? Definitivamente, este será un día inolvidable.
Mis dedos se resbalan lentamente del marco de la ventana. Doy un paso al frente, al vacío. Solo siento el viento debajo de mí, azotándome mientras caigo. Mi corazón ruge eufórico, va a salirse de mi pecho. Me siento viva, más viva que nunca. Sonrío, viendo ya muy cerca el suelo. 
Extiendo mis alas, dejo el aire caliente las llene y me elevo. Una subida vertiginosa primero, un suave planear después. El cálido viento agitando mis plumas. Con un delicado batir de alas iré volando feliz, a buscar el horizonte.


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