martes, 24 de marzo de 2015

Pacto

Sus oscuros sentimientos me llaman... y secretamente los escucho. Si deseas algo en voz alta, estaré allí para ofrecerte un pacto. 

Este relato también nació de una canción: "The kill", de 30 seconds to mars. Quise hacer algo inspirado en el video, que está muy bueno y es algo tenebroso, porque está inspirado en "El resplandor" de Stephen King, pero cuando Jared Leto cantó "...entiérrame, entiérrame, he terminado contigo", la historia se formó en mi mente y fue tomando forma a medida que la escuchaba una y otra vez (cientos de veces). Quise hacer algo especial al narrarla, así que en principio la había escrito en segunda persona, pero no funcionó. Ahora está en tercera, pero con un giro especial en la voz del narrador. Ojalá la disfruten al leerla, tanto como yo disfruté escribirla.

Pacto


Vienen caminando a la par por el extenso jardín. Podría parecer que están juntos, por la cercanía de sus cuerpos o por el juego de anillos de boda que cada uno luce en su dedo. Pero hay mucha distancia entre ellos, una que no se puede medir en forma física, ni tiene que ver con convenciones legales o sociales. Es algo mucho más insondable.
Lo huelo en el ambiente, lo veo en sus almas: son las víctimas perfectas.
El joven protesta y gesticula acalorado, mientas su hermosa esposa concentra la atención en un teléfono móvil. Una sonrisa se insinúa en sus labios mientras lee y contesta los mensajes.
—¡Patricia! —le grita el joven, quitándote el móvil de las manos.
—¡Ya basta Juan! ¿Cuál es tu problema? —le pregunta indignada.
—¡Tú eres mi problema! —grita de vuelta el esposo.
Ella lo fulmina con una mirada hostil y extiende su mano esperando que le devuelva el móvil.
Él resopla furioso. Su ceño fruncido, los dientes apretados tan fuerte que se marcan las venas de su sien y resaltan los tendones del cuello.
—¿Acaso escuchaste alguna palabra de lo que te dije? —le pregunta con un tono que deja traslucir el vano intento de controlar su enojo.
Ella sólo se encoje de hombros y calza las manos en la cadera, cambiando el peso del cuerpo de un pie a otro.
—¿Vas a hacer berrinche otra vez? —le pregunta Patricia con un deje de burla en su voz.
—Eso es todo. Me cansé. ¡Hasta aquí llegamos! —grita al borde de perder los estribos.
Patricia levanta una ceja y le da una mirada incrédula.
—Lo hemos discutido hasta el cansancio. No vas a ir a ninguna parte. Tu lugar está a mi lado. —El disgusto se cuela en su voz.
—Bien, entonces dame una razón para quedarme. —Es un claro desafío.
—¡Yo soy toda la razón que necesitas! —grita ella.
Él estalla en una amarga carcajada.
—No tienes ni la menor idea de lo que necesito. No se te cruza siquiera por tu cabecita de niña mimada, que necesito algo más que una muñeca Barbie para lucir en mi brazo. Quiero una esposa que se preocupe por mí, que me dé una familia. Quiero dedicarme a mi carrera y no sólo ser una figura decorativa en la tuya.
—No sabes lo que quieres —sentencia Patricia con mirada desafiante.
—Te digo que me voy, eso es lo que quiero. Dejaré de ser tu juguete, tu marioneta, exijo respeto. ¡Te amo, pero no me siento correspondido!
—Por favor, ¡sabes perfectamente que también te amo! Devuélveme mi teléfono, tengo cosas más importantes que hacer que seguir con esta inútil conversación.
Juan lanzó el teléfono contra el tronco de un árbol, destrozándolo, esparciendo pedazos de plástico y cristal por todos lados.
—¡Estoy harto! Despierta de una vez y entiéndelo, ¡quiero el divorcio!
—¡Jamás! No vas a dejarme. No seré una divorciada fracasada a mi edad. Jamás te daré el divorcio. ¡Jamás! —le repite, mientras busca con la mirada cada trozo de su teléfono.
Él la toma por los hombros y la sacude llamando su atención. Ella remueve entre las manos que la fuerzan a girarse, pero no logra desprenderse.
—Si no quieres que me vaya… —le dice Juan con lágrimas en los ojos y la voz quebrada—, dime porqué me quieres a tu lado. Anda, vamos, demuéstrame lo que valgo para ti.
—Eres mi esposo. Prometiste amarme y respetarme hasta que la muerte nos separe. Teníamos un futuro juntos planeado —lo dice con tono autoritario, zanjando la conversación.
—¡No! Teníamos tu futuro planeado —sigue gritando encolerizado—, pero ¿sabes qué? Tengo mis propias metas, mis propios planes para el futuro. Si realmente me amas, si quieres que aún siga siendo tu esposo, ¡dame una maldita razón para quedarme a tu lado!
¿Él quiere una “maldita” razón? Eso es interesante.
—Te quedarás conmigo… porque te necesito. Solo serás mío y de nadie más —su voz se quiebra ente la ira y una oculta amenaza.
—No, ya no cederé a tu egoísmo. Descubrí que prefiero el dolor de perderte si finalmente puedo encontrarme a mí mismo. Lo siento, pero eso no es suficiente para mí.
Se gira y dándole la espalda a su esposa, marcha hacia la casa.
—No voy a darte el divorcio.
—Buscaré abogados y te llevaré a juicio si es necesario.
—¡Si me dejas, juro que voy a matarme! ¡Voy a suicidarme y cargará sobre tu conciencia para siempre! —le grita enfurecida.
—No caeré en eso otra vez. Ya no más —le contesta Jun sin siquiera girarse a mirarla.
Patricia está desesperada. Su alma se oscurece con tanto orgullo y dolor.
Me acerco a su lado y con voz melosa le susurro a su mente ciega de ira… “¿Vas a dejar que te abandone? A ti, la más hermosa, la más glamorosa. ¿Quién se cree ese don nadie para dejarte? Piensa en lo que dirán los titulares de las revistas y en la opinión popular de las redes sociales. Serás la comidilla de la prensa amarillista cuando el caso llegue a los Tribunales. ¿Qué dirán tus padres? Sabes que su convicción religiosa desaprueba los divorcios. ¿Qué dirá tu suegra? Seguro saldrá a decir que siempre supo que no eras apropiada para su hijo”.
Ella está tan tensa, reteniendo las lágrimas en sus ojos.
“Has algo Patricia”. Mis palabras le llegan como un susurro entre las ramas de los ancestrales árboles que rodean la mansión.
Avanza con paso decidido detrás de su esposo. En su mente se agolpan imágenes terribles. Se mezclan con mis palabras. Ella es una mujer fuerte, ha escalado alto y no teme pisar algunas cabezas para seguir siendo una estrella.
Sé que me siente susurrando junto a su hombro, huele mi aroma a azufre, nota mi calor a través de su ropa, quemándole la piel.
“No lo amas en realidad, pero ¿qué puedes hacer? ¿Lo dejarás ir? ¿Pelearás por él? ¿Le darás lo que te pide? ¿Qué harás hermosa Patricia? No puedes dejar que te humille ante el mundo”.
Ella está decidida, ha tomado una determinación. Su mente y su corazón se abren hacia mí.
“Dime que quieres y lo tendrás”, por un precio, claro.
—Quiero detenerlo, doblegarlo, que caiga a mis pies. —Lo dice en vos alta, aunque se vea sola, como la expresión de un profundo deseo o tal vez, como una oscura plegaria.
Escucho y concedo. Ahora guiaré sus actos para cumplir con el trato.
“Toma esa gruesa rama caída. Acércate por detrás, despacio. Junta todas tus fuerzas: rabia, orgullo, dolor, miedo… descárgalo contra él, demuéstrale cuánto te hace sufrir.”
Juan ha recibido el golpe en la parte de atrás de su cuello. La rama era gruesa. Se ha oído el chasquido de su columna al romperse. Doblegado, cae a los pies de su esposa, literalmente.
“Ya no va a dejarte, he cumplido con mi parte del trato”.
Ella se tapa la boca con las manos y ahoga un grito de terror.
“Tranquila, no te asustes, no pasará nada. Esta es la mejor solución. Piénsalo… ya no podrá decir en los programas amarillistas, que te dejó porque eres una egoísta. No se irá por el mundo a gastar tu dinero con sus ideas filantrópicas. Serás la víctima, la pobre joven abandonada por un desgraciado que se ha borrado de la faz de la tierra, dejándote con el corazón roto”.
Voy a ayudarla, guiaré sus actos una vez más. Irá por una pala y cavará un hoyo profundo en la zona más espesa del parque.
“No te preocupes Patricia, nunca nadie lo encontrará. Haremos un pacto: protegeré tu secreto, nunca nadie sabrá tu crimen. No encontrarán jamás dónde has sepultado el cuerpo de Juan. A cambio, sólo pido tu alma.”

Ahora estarán para siempre juntos. Aunque sus cuerpos jamás vuelvan a tocarse y la muerte pretenda disolver la promesa impuesta por el juego de anillos de boda que cada uno luce en su dedo. Ya no habrá distancia entre ellos, no habrá una separación física, ni tendrá que ver con convenciones legales o sociales. Será algo mucho más insondable y oscuro. Será la eternidad en el infierno.

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