jueves, 16 de abril de 2015

Por su sonrisa


Cuando las Sombras asechen la Tierra, absorbiendo la bondad de las almas, sólo quedará una cosa por la cual entregar la vida.


Hola a todo el que se pasa a leer.
Muchas gracias por acompañarme.
Hoy quiero traerles uno de mis relatos más tristes, al menos hasta el momento.

En Addictive Lily, jugando una vez más a "Cuenta la canción", se propuso "Sirens", de Pearl Jam.
Este fue uno de esos relatos que pude escribir sin pensarlo demasiado, porque me enamoré inmediatamente de la canción y me dejé llevar por la letra, la tristeza en la melodía, a la vez que sentía fuerza en la voz del cantante.
Me salió un relato distópico, que tuve ganas de convertir en un cuento con tintes dieselpunk, pero no he tenido tiempo para dedicarle.
Se preguntarán "¿dónde le ve el punk a este relato?" Bueno, no lo tiene, pero algún día lo tendrá, cuando crezca y se convierta en cuento.
Ya lo verán, voy a darles una sorpresa...
Por ahora, se conformarán con la versión corta y van a disfrutarla (o al menos eso espero).


Por su sonrisa


La sirena suena a lo lejos, como un lamento traído por el viento.
Corro desesperadamente, llevándola de la mano. Casi arrastrándola detrás de mí.
Tropieza, pero la sostengo antes de que llegue al suelo y seguimos corriendo.
Su rostro sucio está marcado por surcos claros allí donde las lágrimas limpiaron la tierra de su piel.
Su mirada suplicante me dice que está exhausta, y no solo de correr. Cansada de esta vida, de ir de una ciudad a otra, buscando inciertos refugios. Yo también estoy cansado.
Pero no tardo en recordar porqué hago esto: su nombre estaba en la lista; en aquel funesto registro de futuras víctimas.
Este se ha vuelto un mundo oscuro y peligroso, destruido por las Sombras. Ahora, las almas brillantes son perseguidas, cazadas y sacrificadas. Son el alimento de los monstruos que nos invadieron.
La Resistencia hace sonar la alarma que anuncia la llegada de las Sombras. Aquellas sirenas que hace muchos años se usaban para alertar de los bombardeos aéreos, ahora anuncian la llegada de los seres malignos e incorpóreos que devastan la humanidad, desplazándose sobre la tierra en ruinas como si fueran bruma tóxica.
Esas sirenas espeluznantes que cada vez suenan más cerca, parecieran que en su agudo idioma gritan “¡corran todos! ¡vayan a refugiarse! ¡las Sombras ya vienen!”.
Mi corazón se acelera, el terror me deja sin aliento y debemos detenernos.
Con el cuerpo doblado y las manos apoyadas sobre las rodillas, tratamos de recuperar el ritmo de la respiración.
Los pulmones duelen, la garganta seca raspa, la nariz arde.
—Vamos, mi amor —le digo entre jadeos, intentando una sonrisa reconfortante—. Solo debemos cruzar aquella curva. ¡Sé que puedes hacerlo!
Intento disimular el temblor de mis piernas, aferrando mis rodillas con las manos también temblorosas.
El aullido de las sirenas rasga el aire cada vez con más fuerza.
Tiro de su mano y la animo a continuar.
Encontramos una pequeña casucha en ruinas y buscamos un rincón donde resguardarnos en una de las pequeñas habitaciones vacías.
Doy gracias por tenerla junto a mí sana y salva. He aprendido a apreciar estos preciosos momentos de seguridad, a atesorar cada sonrisa, cada abrazo.
Su rostro angelical, su voz cantarina, su piel suave, su risa capaz de iluminar momentos oscuros… ¡la amo tanto! No sé qué haría si llegan a arrebatármela. La idea pica en mis ojos, los cierro con fuerza para detener el caudal de lágrimas.
La acerco a mí y la estrecho contra mi pecho…
Sé que algún día me dejará, me lo ha dicho, quiere unirse a la Resistencia, si vive lo suficiente para ello. Sé que tiene que ser así. Que algún día su risa ya no será mía, sino un recuerdo distante en mis memorias. Sé que en algún futuro estará en brazos de otro hombre. Es su elección, lo entenderé, la aceptaré.
Disfruto el momento juntos mientras dure.
Las sirenas vuelven a sonar, cada vez más fuerte, más cerca. El eco que producen en la casa vacía lo vuelve un sonido insoportable.
Más sirenas se oyen procedentes desde todos los puntos cardinales. Nos rodean. Están aquí. ¡Vienen por ella! 
¿Y si me llevaran a mí?
Un plan temerario se forma en mi mente. La vaga esperanza va tomando forma en mi pecho.
La vida es tan frágil, puedo perder la mía en cualquier momento y ¿de qué serviría, si no puedo protegerla?
Todos los humanos cargamos con nuestra muerte sobre los hombros. A algunos los cubrirá más temprano, otros la soportarán por muchos años, pero nadie vive para siempre.
Puede que esté cometiendo un error, no lo sé, pero ya he hecho mi elección.
A través de las desvencijadas ventanas ya no penetra la luz mortecina de la tarde, el cielo se ha tornado oscuro, como si se avecinara una feroz tormenta. Pero no hay viento, ni truenos, no caen rayos. El único sonido que se escucha es el lamento de las sirenas.
Una neblina oscura se levanta afuera y con exasperante lentitud se desliza por el ventanal. 
Nos levantamos a toda prisa y corremos hacia la entrada de la casa. Al llegar a lo que debería ser el comedor, formas brumosas avanzan por las puertas abiertas y se cuelan por los ventanales rotos.
Espíritus oscuros se levantan… las Sombras han llegado.
Nos tienen rodeados.
La ligera similitud con una silueta humana, las hace más aterradoras, sobre todo al ver sus rostros, donde se distinguen un par de ojos rojos como brasas y una boca grande, que gira cuán vórtice absorbiendo la luz que lo rodea, al igual que un agujero negro.
Son cinco las Sombras que nos bloquean.
Ahora, sobre sus propios pies —por llamar a esas extremidades inferiores de alguna manera—, se mueven más ágiles, al acecho.
El llanto de mi pequeña me saca del estado de estupor en que me ha inducido el terror.
La tomo firmemente apoyando mis manos a cada lado de su rostro y la obligo a mirarme.
—Hay algo que tengo que decirte ¡escúchame! —le ordeno para que aparte su vista de las Sombras y calme sus sollozos. Desearía tener más tiempo, esperar a que se calme y hablar tranquilos, pero no puedo. La hora ha llegado—. Sabes que te amo, siempre te amé, incluso desde antes de que llegaras a mi vida y te amaré siempre pase lo que pase. 
Estudio su rostro, más sereno. Reconfortada por mis palabras el miedo se desvanece.
Beso su frente con fuerza, y la abrazo hasta que exhala un débil gemido mientras con sus delicados brazos alrededor de mi cintura intenta igualar el apretón.
Antes de llegar a pensarlo una vez más, le doy un suave empujón y me lanzo al extremo más alejado de la puerta de la casa.
Ataco a las sombras con un grito de guerra lleno de energía y determinación. El amor que siento cobra luz en mi interior. El sacrificio la hace brillar más. Solo pensar en su sonrisa, hace que el pequeño resplandor de mi alma se vuelva suculento para las Sombras y ya no dudan en lanzarse a mi captura.
—¡No…! —grita ella y cae de rodillas—. ¿Por qué…?
Las brumosas criaturas se sumergen en mi cuerpo. Me ahogo. La fuerza se me va. Mi visión se vuelve borrosa.
Con la poca energía que aún brilla en mí, alcanzo a formar mis últimas palabras.
—Corre… busca a... la Resistencia… —un aliento más, por favor, necesito un último aliento—. No olvides que te amo…
Ella duda una fracción de segundo y luego corre hacia la puerta.
Desde el piso, donde estoy desparramado mientras las Sombras absorben las últimas gotas de mi vitalidad, aterrado por la oscuridad que sofoca mi alma, alcanzo a escucharla…
—Yo también te amo, papá.


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