viernes, 26 de junio de 2015

Pruebas de amor

Crees que no eres el único, buscas pruebas de que ella aún te ama. ¿Para qué? Sabes que no te va a gustar lo que descubras.


Hola soñadores. Sí, sé que he estado muy perdida últimamente. Mis disculpas. He tenido algunos problemas domésticos.
Para compensarles, les he estado preparando cosas, como por ejemplo: dos reseñas. Una de ellas ya ha sido publicada en Huellas de Tinta, la revista con la que colaboro. Mis queridos soñadores van a tener que esperar, porque para ustedes hago una versión especial. La otra reseña es mi primer colaboración así que quiero que sea súper especial. Todo eso me lleva tiempo, porque soy muy perfeccionista; el problema es que no tengo tiempo para ser perfeccionista... ¬¬'

Para pasar el tiempo, mientras lucho con mis locuras, les traigo un relato narrado en segunda persona... o algo así. La primer persona está implícita. También está narrado en presente, aunque los recuerdos en pasado. Bueno, se entiende: tiene de todo un poco. Ya saben que me gusta experimentar con las voces y los tiempos.

La canción es de Sam Smith, "I am not de only one" y escribí el relato para jugar al "Cuenta la Canción" en Addictive Lily.
No estoy muy conforme con esta versión acústica del tema y la traducción tiene erratas, pero es la única que he conseguido subtitulada y con la voz de San Smith, los otros sólo eran covers o versiones en vivo (peor), así que siéntanse libres de buscar en YouTube la versión que más les guste.


Pruebas de amor

No puedo creerlo. No… no puede ser.
Tenía mis dudas desde hace meses. Pensé que me estaba volviendo loco.
No sabía dónde rayos te metías durante las tardes. Te lo preguntaba y siempre era lo mismo: “Fui de compras, cariño”. “Estaba tomando el té con amigas, cariño”. “Paseaba por la playa, cariño”.
Por alguna razón, sabía que me estabas mintiendo. Te lo decía, pero sólo te reías de mí.
Estaba paranoico.
Te espié varias veces para comprobar si me estabas engañando, pero no obtenía nada. Ibas de compras, te encontrabas con tu amiga a tomar el té, paseaban por la playa.
Me desquiciaba esa certeza de que yo no era el único en tu vida y aun así no conseguía pruebas de ello.
“Estás loco, cariño”, me decías con tu voz risueña. Pero yo sabía, lo presentía, que estabas haciendo algo a mis espaldas. Era tu tono de voz, tu mirada nerviosa, la forma en que recogías tu pelo detrás de la oreja, la forma en que me llamabas “cariño”.
¿Sabías que contraté un detective privado para seguirte? Nuestras finanzas no estaban bien, pero pagaba una y otra vez para que alguien disipe o confirme mis temores.
Discutíamos todos los días por la economía de la casa. Te echaba en cara tus salidas, la forma en que perdías el tiempo con tus amistades.
Decías que era una locura, que no tenían nada que ver tus salidas con nuestro dinero. “No gasto en mis salidas”, retrucabas. “No hay nada de malo con verme con mis amigas, cariño”. Me comía por dentro saber que me mentías y no tener pruebas.
Sólo tenía fotografías. Muchas fotos tuyas y de tu amiga: de compas, tomando el té, en la playa…
Pero había algo más, lo sabía. Sentía que ya no me querías como antes.
Estabas ahí, y te sentías tan lejana…
Tu corazón se había vuelto inalcanzable para mí. Pero te sigo amando igual que siempre. Tal como el día en que nos casamos.
No podía seguir viviendo así. Tenía que comprobar por mí mismo si había alguien más. Tenía que verlo con mis propios ojos. Me juré seguirte a sol y a sombra. No dejé que te fueras de mi vista ni un solo segundo.
Sabía que no era el único, pero te amo tanto, que no pensaba rendirme. Iba a luchar por tu amor. Estoy tan enamorado de ti, que creí que no había nada que otro hombre pudiera darte y yo no.
¡No existe en el mundo otro hombre que pueda quererte más que yo!
Por eso compré esta arma…
Soy tu esposo. No habrá nadie más.
Ahora sé la verdad. En este momento todo cobra sentido: siempre fue ella, tu amiga.
Cuando compartían las compras, no era sólo compañía. Si se juntaban a tomar el té, era una cita. Los paseos en la playa… No, no puedo pensar en ello. Duele tanto.
Pero ahora… yo… no sé qué hacer. No sé qué es lo que ella te da, ni quiero pensarlo. ¿Puedo darte lo que te da otra mujer?
Aunque me ocupara de sacarla del camino, ¿sería el único en tu vida otra vez?
Nunca seré suficiente para ti. Estoy decepcionado y no lo superaré jamás.
¡¿Qué quieres de mí!?
Nunca seré suficiente. Ya no valgo.
Prefiero morir a vivir con mi propia vergüenza.
Y tú vas a venir conmigo, cumplirás tus votos matrimoniales, sólo que la muerte no va a separarnos. Dos disparos… y sabré que vuelvo a ser el único.


2 comentarios:

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